Edgar Fonseca, editor

“Los ciudadanos estamos inquietos y preocupados por el uso de la judicialización como herramienta de la politiquería burda y barata. Esta insigne institución que ustedes representan no debe permitir que individuos y grupos malintencionados continúen utilizando la Fiscalía General o el sistema judicial como obsceno cañón para lanzar sus balas de odio y sus intereses canallas”.

Aún están frescas estas frases que lanzó el presidente Chaves el 20 de junio pasado a la atención de 22 magistrados que le escuchaban en silencio en Corte Plena.

“La Corte no merece darle vitrina y espacio a estos individuos. Es momento de parar a los canallas que están llenando al tribunal de demandas absurdas y frívolas”, remató.

Aquellas manifestaciones las lanzó, el recién asumido gobernante, horas después de haberse apersonado intempestivamente a la Fiscalía General, en un acto sin precedentes, a indagar sobre causas en contra suya y de miembros de su gabinete, en particular el proceso abierto, a partir de indagaciones del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), por el supuesto financiamiento irregular de la campaña que lo llevó al poder.

Aquellas escenas que desataron tormenta política, que la opinión pública repudió y censuró como una evidente intromisión, interferencia y menosprecio a la independencia de poderes, gravitan al cerrar el año.

Sorprende por ello que el nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia aceptara de buenas a primeras la invitación a una cena navideña, de círculo íntimo, en la residencia del mandatario.

Sorprende porque, ante todo, del máximo jerarca judicial se espera estricta independencia y distanciamiento de actos, eventos o protagonistas, por más sociales que los tiñan, que siembren desconfianza sobre ulteriores decisiones.

A lo inmediato está la elección del neurálgico cargo de nuevo director del OIJ.

El presidente, apenas digerido el tamal con el magistrado, salió, imprudente, a presionar y dar por descontada la elección a dicho puesto de uno de sus ministros en un flagrante manoseo de la decisión de Corte Plena.

También está el país atento a cual será el brío que le imprimirá el recién designado Fiscal General a las investigaciones que alcanzan al gobernante y a miembros de su gabinete por la denunciada estructura paralela de financiamiento de campaña, pese al amedrentamiento presidencial.

¿Qué papel jugará en todo esto la nueva jerarquía judicial?

¿Qué mensajes se le envían a la opinión pública?

¿Cuán vulnerable se antoja para algunos la independencia de la judicatura?

Antes de asistir a ciertos eventos, deberían encenderse luces de alerta en la cúpula judicial y advertir la conveniencia, oportunidad y prudencia de participación de sus jerarcas.

No se dio en este caso de la infortunada invitación a la cena presidencial navideña.

El presidente de la Corte le debe una aclaración al país.