Periodista Carlos Loret de Mola, El Universal, Ciudad de México

A la mañana siguiente a que alguien disparó para matarlo, Ciro Gómez Leyva dijo en su programa de radio que él no caería en la tentación de culpar a nadie porque no tenía elementos. Lo que encontró como respuesta del gobierno fue un desenfrenado apetito por exonerar a alguien: al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Desde las voces afines al poder se echó a andar una campaña para presentar al periodista como principal sospechoso del ataque en su contra. Lo revictimizaron, criticaron su reacción en medio de un intento de asesinato y lo acusaron incluso de tener una camioneta blindada, como si el clima de violencia contra los periodistas en México no fuera el peor del mundo, literalmente.

Luego se alentó la versión de que detrás del atentado estaba el narcotráfico. Que si por algún reportaje, comentario o entrevista. ¿Las poderosas organizaciones criminales no calcularon que un ataque a alguien de tan alto perfil iba a obligar a una reacción del gobierno?, ¿por qué les interesaría despertar un clima hostil si están viviendo un sexenio de oro: tienen poder económico, influencia política, libertad de actuación y abrazos en vez de balazos?, ¿por qué querrían descomponerle el tablero a su principal aliado estratégico, el presidente AMLO?

Especial PuroPeriodismo/El Universal, Ciudad de México