Edgar Fonseca, editor
Atorado en la pirotecnia de las cuestionadas pruebas de polígrafo, como si fuesen a ser un eslabón esencial de reducción de la debacle en inseguridad.
Atorado en la pirotecnia de una gira a Crucitas, epicentro de operaciones del crimen organizado, grotesca evidencia de la ausencia de respuesta estatal seria y rigurosa.
Atorado en un urgente paquete de proyectos de seguridad, todos ellos lindantes con la ilegalidad y la inconstitucionalidad.
Atorado en la indispensable elección de 12 magistrados constitucionales suplentes, torpedeada por mero capricho politiquero.
Atorado en el necesario trámite de una profunda reforma judicial, lanzado por la borda, de buenas a primeras, al ser dinamitados puentes de diálogo y respeto.
Atorado en una crucial reforma eléctrica que pretenden imponer contra viento y marea.
Atorado en la amenaza de un nuevo paquete de impuestos ante el descalabro fiscal consumado por ellos mismos en los últimos tres años de gestión.
En fin, un país atorado, donde el insulto, la insolencia, el irrespeto y la chabacanería campean en una gestión presidencial que apenas llega a sus primeros 60 días y no permite vislumbrar un plausible devenir político.
Porque ahí está la clave de todo este atascamiento que estamos viviendo.
Sin una voluntad política de lucidez, entendimiento, flexibilidad y negociación cualquier gestión política se taponea.
La primera y gran responsabilidad la tiene la Presidenta, el Poder Ejecutivo.
Pero, ¿quién manda hoy en Zapote?
¿Quién gobierna?
¿La mandataria que aparece con tonos cada vez más postizos?
¿O esa voluntad política superior que se impone avasalladora sobre ella?
Que no le permite tener sello propio, autonomía, carácter. Que la reduce a una mera figura decorativa.
Bajo semejante incertidumbre, será también, clave, la clarividencia que distinga a la oposición para discernir, responder y resolver ante este atoramiento.
No se trata de ejercer una oposición obstruccionista, a ciegas, sino de demostrarle al interlocutor –que pretende aplastar con su mayoría legislativa– que solo con madurez política el país puede superar este impasse histórico y desafiante para su institucionalidad.





