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“Fue un error… pudo ser peor”… El precio de la sumisión.

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Edgar Fonseca, editor

Enconchada ante un tema fuera del libreto del show semanal, la gobernante intentó, vanamente, justificar a su mentor y “presidente”, como ella misma se deleita en llamarlo.

Y, para tratar de maquillar el repugnante episodio de que fue testigo el país y el mundo, la noche del lunes en la Plaza Mayor de Cartago, respondió: “Fue un error… pudo ser peor”.

La lealtad política no debería teñirse de tanta sumisión.

Se trató de un acto y una reacción impropia, grotesca, despreciable, de quien debería, por su investidura, dar ejemplo de conducta, ante el mero reclamo de un valiente ciudadano, indignado por un operativo represivo orquestado por su gobierno en una jornada de vergüenza transgresora de derechos fundamentales.

La página de este infausto episodio no debe ser pasada tan fácil.

Con sobrada antelación el oficialismo alistó aquel escenario represivo, restrictivo de derechos fundamentales de movilización, de reunión, de libre expresión.

En su delirio, previeron cerrar 14 cuadras. En otras palabras, declarar bajo virtual “estado de sitio” a la ciudad brumosa.

Pero la reacción de los comerciantes no se hizo esperar ante semejante arbitrariedad en marcha.

Al final bloquearon con vallas y policías de fuerzas élite y demás unidades el acceso al escenario principal.

Solo los acarreados por ellos desde zonas lejanas tenían prioridad irrestricta de ingreso. Con raciones de arroz con pollo, frescos y su paga incluida, por supuesto.

Así lo hizo el somocismo, lo hacen el orteguismo y el bukelismo.

Los demás ciudadanos quedaron sujetos a una requisa cuasi delincuencial.

La menor indicación de no ser afín al gobierno implicaba impedir su ingreso a la “zona cero”.

No se salvaron reporteros de medios independientes, empujados o sacados atropelladamente.

¡Cómo no entender y aplaudir la reacción y la protesta, el reclamo del corajudo cartaginés!

Su disgusto representa a una nación que se resiste a la deriva autoritaria del chavismo.

Jamás es justificable, como intenta la Presidenta en vano, la airada reacción de quien se cree con poder omnímodo.

Ese proceder solo merece repudio.

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