Edgar Fonseca, editor
Presidenta, la ira es mala consejera…
Lamentable su reacción ante la reelección unánime del fiscal general de la República votada por 21 magistrados y magistradas de la Corte Suprema de Justicia.
Lamentable porque, a pesar de las diferencias, de las discrepancias, de los desentendimientos, tan propios entre jerarcas e instituciones en la gestión pública, existe un código no escrito de normas éticas, de respeto mínimo, de cortesía.
Usted las esquiva o la hicieron esquivarlas.
Y sale ante la opinión pública, irritada, incómoda. Sin una pizca de delicadeza.
“Tampoco voy a ser hipócrita en desearle lo mejor”, espetó usted en una frase que pasa a la historia como particular símbolo de mezquindad en la relación público-interinstitucional.
Las formas aunque pesan, pasan.
El contexto de su reacción, no.
El país enfrenta la mayor emergencia de seguridad de su historia.
Los carteles transnacionales y locales del narcotráfico, del crimen organizado, de la trata de personas, de la legitimación de capitales ilícitos, convirtieron a nuestra sociedad en un escenario diario de las más sofisticadas y cruentas acciones ejecutadas por sus operadores visibles o “invisibles”.
Solo en la provincia donde usted reside, la violencia del sicariato narco anda desbordada este año, mientras los gatilleros de los prestamos “gota a gota” siembran el terror entre el campesinado.
Usted no ha tomado conciencia aún de ello o su círculo más cercano no se lo permite.
Su gobierno, hasta ahora, y el de su predecesor, fracasaron en la prevención y freno de esta pandemia de inseguridad, pese a ruidosas promesas y por carencia de estrategia y de visión.
Por ello su irascible reacción ante la reelección del fiscal general no es solo lamentable sino censurable.
La Fiscalía General y el Organismo de Investigación de Judicial, articulan una denodada y efectiva estrategia de operaciones y de acciones para golpear, un día y otro, a las mafias, a los carteles del crimen organizado, del narcotráfico, a los extraditables en la lista DEA. El país es testigo de ello y lo agradece.
Lo reconoce, también, el histórico voto unánime de los señores y señoras magistrados y magistradas.
Ese titánico esfuerzo desde el Poder Judicial lo reconoce, sin rodeos, el gobierno de EE.UU., conforme la estrecha y continua cooperación y coordinación en acciones clave como las extradiciones de “peces gordos”, la captura del fugitivo Diablo o del extraditable oriental clavado hasta el tuétano en círculos oficiales.
Usted pasa todo ello por alto o alguien o algunos no le permiten aquilatarlo.
Ignorarlo es ponerse del lado incorrecto de la historia en un momento crucial para el país.
Presidenta, gobierne.
Lidere con visión y firmeza, no con hueca estridencia.
Dése su lugar en la historia.
Desátese de lo que le impide ser usted en la misión que le otorgaron las urnas.
No se preste a sembrar más cizaña. Suficiente la polarización, la crispación y el enfrentamiento y el odio que atiza su mentor.




