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El personalismo político…

Juan Ramón Rojas, periodista * 

Parecía una persona más inteligente. Se ha aferrado una y otra vez a la candidatura presidencial hasta llevar al partido al punto de la extinción, como seguramente sucederá a partir del 2018. Le ha cerrado la puerta a nuevas figuras que pudieron dar un rumbo más flexible, menos ortodoxo, a este grupo político. El último asalto fue este domingo, con “conquista” de una quinta candidatura presidencial, salida de los pocos que acudieron a votar en su “convención”. ¿Pretenderá que alguien lo tome en serio?

Ni de lejos he sido simpatizante del Movimiento Libertario, pero sí puedo admitir que cuando surgió, hace unos 20 años, proponía una visión crítica del quehacer político de los partidos tradicionales. Poco a poco se mostró como el más acomodado de todos, por decir lo menos. ¿Qué hubiera sucedido de llegar al poder? Ni pensarlo. Uno más de los que usufrutuan de la vida política nacional, y sueña con seguirlo haciendo. Ahora se desliza –junto con lo poco que queda de su partido- hacia lo más oscuro de su vida política, se desnuda tal como lo que es. ¿Por qué una nueva candidatura? Solo él y un cada vez más reducido grupo de incondicionales lo sabrá, pero los electores es posible que lo tengan más claro.

Ser inteligente es también saber cuándo se debe dar un paso al costado y dejar el espacio libre a nuevas figuras. Es algo básico, elemental. Saber que nadie es indispensable en esta vida, y más cuando se ha fracasado, una y otra vez, en un mismo proyecto, en una aspiración presidencial, como en este caso. Apartarse antes de que la historia se haga cargo de hacerlo. Y lo hará dejando solo malos recuerdos.

 

¡Somoza nos va a invadir!

( Foto de Archivo ) El general Anastasio Somoza Debayle, ex presidente de Nicaragua, muestra a sus tropas cómo reparar la mira de un mortero de 81mm, a inicios de 1979, durante una visita a sus tropas en el sur de Nicaragua. Foto LA PRENSA

“Poco después llegó el Presidente Rodrigo Carazo a bordo de una avioneta. Unos cuantos periodistas nos abalanzamos sobre él. Simplemente nos dijo: “muchachos, por favor, cállense. No digan nada. No escriban nada. Somoza quiere invadirnos”.

Así narra el veterano editor costarricense, Lafitte Fernández, parte de sus experiencias durante la cobertura de los días finales de la dictadura de Anastasio Somoza quien huyó hace 38 años.

Lafitte Fernández Rojas, periodista

No sé quiénes  éramos: si enciclopedistas del empeño humano por hacer la guerra o formábamos una banda de periodistas costarricenses, llenos de bríos creativos , que nos volvimos coleccionistas de riesgos a finales de los años setenta.

Julio de 1979. Camino sólo, bajo mi propio riesgo, hacia la puerta del búnker de Anastasio Somoza  en Managua. El dictador  cayó. El viejo régimen lo derrumbó sus propios errores. Somoza se fue a Paraguay y Nicaragua festeja.

No hay nadie ahí. Tal vez unos pocos guerrilleros leales a Edén Pastora que viajaron desde el  Frente Sur (creado en la frontera con Costa Rica), hasta Managua,  en busca de reivindicación y  gloria.

Mucho tiempo había pasado junto esos guerrilleros cerca de Cárdenas, en Nicaragua, donde cada día caían toneladas de bombas. Algunas de ellas eran lanzadas desde helicópteros que volaban alto. Esas bombas dejaban al caer hoyos del tamaño de una piscina. Si caían cerca de ti y lograbas salvarte, el menos regresabas a casa con los oídos destrozados para siempre.

Por eso es que se debía seguir el consejo de los guerrilleros panameños que acompañaban a los nicas, sudamericanos y costarricenses: siempre gritaban cuando se escucharan los helicópteros se debía correr como si “fildearas” una bola en una cancha de béisbol: mirando hacia el cielo para alejarse y evitar la caída de las bombas de al menos una tonelada de explosivos.

No recuerdo cómo llegué a ese búnker presidencial. Algún guerrillero me llevó para que observara lo que quedó ahí. En ese sitio estaba la oficina principal de Somoza, desde ahí gobernaba y controlaba la deshumanizada guerra contra sus enemigos.

 El lugar estaba rodeado por  un altísimo y poderoso muro de cemento. Está situado cerca del lago de Tiscapa en Managua. Tampoco sé por qué pero me tocó entrar en ese búnker con los primeros guerrilleros sandinistas que tomaron aquello con miedo, enormes cuidados y como si fuese el mejor trofeo de guerra que podían conseguir.

El búnker  poseía una bien cuidada área verde donde  los somocistas cavaron varias trincheras que  dejaron abandonadas con mucha prisa. Simplemente  botaron todo cuando Somoza huyó hacia Paraguay.

Camino por el lugar, miro radios y equipos de comunicación militares, ametralladoras  y pistolas tiradas en el suelo, cajas de balas sin usar, uniformes  lanzados en cualquier sitio. Los soldados se quitaron las ropas, se enfundaron en pantalones y camisas civiles y huyeron de ahí.

A los cinco o seis guerrilleros que me acompañan, les pido autorización para entrar a la estructura de hierro y cemento donde se guarecía Somoza. Me dicen que camine con cuidado. Que no saben que hay adentro. Tampoco si todavía queda gente ahí.

Comienzo a entrar en ese búnker donde  operaba el más inmenso poder que se acumuló en Nicaragua en esa época. Lo primero que me encuentro es una bodega con docenas de ametralladoras todavía colocadas en sus cajas originales. Están colocadas en estantes cuidadosamente construidos. Abro una caja, son AK 47. Paradójicamente son ametralladoras de fabricación rusa.

La bodega del búnker de Somoza está lleno de alambicados y siniestros pasillos. Cuesta trabajo mirar, no hay luz eléctrica. Uso mi encendedor de cigarrillos para guiarme con su luz. Hay otras bodegas: unas llenas de uniformes, de municiones, de escopetas y pistolas. También hay granadas y explosivos. Apago el encendedor. No quiero que aquel polvorín estalle. El lugar está en tinieblas.

Pero, en un sitio encuentro linternas militares cargadas. Tomo dos o tres de ellas y sigo los desordenados pasillos que están llenos de papeles tirados en el  suelo. La prisa por huir de los somocistas era evidente.

También descubro poderosas plantas de comunicación y equipos  de electrificación. Los muros son inviolables. Pienso que ni una bomba lanzada desde un avión hará mella en aquello.

Confieso que estoy fascinado. Parezco un niño descubriendo tesoros hasta que, finalmente, llego a la oficina y al largo y grueso escritorio de Anastasio Somoza. Hay una mesa con muchos teléfonos. Unos militares. Otros no. Hay un teléfono rojo, famoso color entre gobernantes de esa época. Con esos teléfonos se comunicaban con sus ministros y principales servidores.

Sobre el escritorio hay cientos de papeles dejados en desorden. Era evidente que alguien revolcó todo aquello para llevarse los papeles más comprometedores del dictador. Encuentro agendas telefónicas. La más pequeña la echo dentro de un bolsillo de mi pantalón. De todas maneras, los guerrilleros me dijeron que podía tomar todo lo que quisiera de ahí: la vieja oficina de Anastasio Somoza.

La oficina no es lujosa. Es grande y cómoda. En otra puerta hay archivos saqueados, quizás por los mismos colaboradores de Somoza. En la huida se debían ocultar pruebas o archivos confidenciales. Eso pienso.

Por todo lado hay uniformes militares abandonados con tanta prisa que parecen trapeadores de pisos. Preferí no entrar a las oficinas de los colaboradores de Somoza. Lo que quería era ver el despacho que destiló, por mucho tiempo, poder.

Cuanto papel leí, muchos de ellos firmados por Anastasio Somoza, eran, principalmente, órdenes administrativas de poco interés para un periodista. Supuse que los archivos del horror, todo aquello que me hiciera descender a los infiernos, los habían quemado en  una enorme hoguera que todavía humeaba en uno de los patios traseros del búnker de Somoza.

Cuando salí de ahí, y al ver tantas armas nuevas juntas, recordé a un amigo costarricense, Francisco González, un fotógrafo de La Nación, compañero de muchas luchas periodísticas (creo que ya falleció) y pedí autorización para llevarme una escopeta hasta el jeep diesel en el que viajaba.

“Chico González” era un apasionado cazador. Siempre me decía que si me encontraba una escopeta “barata” en Nicaragua se la comprara. Una vez en San José se le entregué: “Te salió gratis y está nueva”, le dije. Supongo que la disfrutó en sus cacerías de animales en las montañas del país.

Mil novecientos setenta y nueve.  Yo era parte de una tribu de periodistas costarricenses que caminábamos al lado de los guerrilleros sandinistas en busca de escribir o informar sobre historias de la guerra de Nicaragua. Yo trabajaba en Canal 13 al lado de amigos que jamás olvidé.

No sé cuántos éramos. Tal vez veinte. Quizá más. Recuerdo a algunos de ellos: Bosco Valverde, mi hermano Guillermo Fernández, Edgar Fonseca, Lorena Chavarría, Fernando Fernández, Nelson Murillo, Roberto Cruz, Vilma Ibarra y no sé cuántos periodistas más. Olvido sus nombres. La memoria se ha vuelto flaca. A eso había que agregar un puñado de corresponsales extranjeros, muchos de ellos radicados en el país.

En la selva, nos cuidábamos unos a otros. Pero cuando los sandinistas ganaron la guerra y Somoza huyó, junto con miles de militares, los periodistas también celebramos que toda esa locura llegara a su fin. El horror absoluto había terminado. Habíamos visto tantos muertos que me convencí que nunca  vería tanta barbarie como en aquella época. Me costaba entender cómo el corazón del hombre podía esconder tanto odio y miedo a la vez. Eso sí: esa guerra de Nicaragua en la que todos los costarricenses estuvimos comprometidos nos hizo a muchos periodistas alérgicos al aburrimiento.

 Silencio por patriotismo…

Se aprende que la guerra no es nunca como la presenta el cine. Es turbia. Huele mal. Pasa más rápido de lo que se cree. Se guardan secretos y hasta por patriotismo se callan cosas.

Pero también se teme. Parece que, por momentos, te despoja del aliento vital. Hay dos hechos que yo contribuí a callar durante la guerra sandinista. Debo confesarlo.

Lo primero es el hecho que de aviones cubanos bajaran armas en el aeropuerto de Liberia, como lo vimos todos. Pero todos los periodistas costarricenses nos callamos. Sentíamos que era traicionar la Patria si escribíamos aquello y exponíamos a los costarricenses a una seria amenaza que Somoza, en medio de su locura final, invadiera Costa Rica.

El  único que se atrevió a denunciar aquello, durante el Gobierno de Rodrigo Carazo, fue José Loría, un gran periodista que fue jefe mío por mucho tiempo. Loría denunció lo que pasaba en el aeropuerto. Carazo lo reprendió. Creo que hasta le aplicó leyes militares en un país sin ejército.

Pocos días después de la denuncia de Loría, amanecí en el pueblo fronterizo  de La Cruz (donde siempre arrancaban nuestras aventuras bélicas), literalmente tomado por la Guardia Civil.

Recuerdo que temprano de una mañana de diciembre caminé hasta una soda para desayunar, y en la gasolinera de La Cruz, y en otros puntos de ese pueblo, se instalaron, durante la madrugada, ametralladoras “cuatro bocas” capaces de derribar aviones de guerra desde el suelo.

Aquello me alarmó. Poco después llegó el Presidente Rodrigo Carazo a bordo de una avioneta. Unos cuantos periodistas nos abalanzamos sobre él. Simplemente nos dijo: “muchachos, por favor, cállense. No digan nada. No escriban nada. Somoza quiere invadirnos. Tiene muchos hombres cerca de aquí. Ya hemos pedido ayuda. Vienen aviones de guerra enviados por Omar Torrijos, de Panamá, y Carlos Andrés Pérez de Venezuela. Tal vez con eso convenzamos a Somoza que no toque Costa Rica. Pero mientras tanto, no digan nada de lo que han visto en este pueblo. Estas enormes ametralladoras no existen para ustedes”.

Corrí alarmado a llamar telefónicamente, a mis jefes de redacción. Transmití la solicitud del Presidente Carazo que, valientemente, llegó esa mañana a menos de 20 kilómetros de la frontera con Anastasio Somoza.

Así son también las guerras, sorprendentes, hijas de la estupidez, de los corazones duros, de la ambición pero también de la palabra. Toda guerra empieza y termina con la palabra. Los años me enseñaron eso.

 

Cae supuesto asesino en serie

Un hombre de apellido López  de 27 años, sospechoso de matar a dos mujeres a puñaladas a inicios de año en Parrita fue capturado ayer de madrugada cuando se dirigía al trabajo y  podría ir a prisión preventiva, anunció el Ministerio Público. Las autoridades presumen que podría atacar de nuevo.

Los asesinatos se dieron en hechos distintos ocurridos en febrero y mayo anteriores. La Fiscalía de Quepos y Parrita hará la solicitud de la medida cautelar, en una audiencia que aún no ha sido programada, informó la fiscalía.

López –según el ente acusador– fue detenido esta mañana en medio de dos allanamientos realizados en su casa, en La Loma de Parrita, y en su lugar de trabajo en una finca de la localidad, e inmediatamente fue puesto a las órdenes del Ministerio Público, donde será indagado en el transcurso de la tarde.

El primero de los hechos investigados ocurrió el pasado 14 de febrero cuando, en apariencia, el sospechoso se citó con la víctima, de apellidos Salazar Carillo, para encontrarse en el sector de playa Marisol. Una vez en el lugar, a eso de las 8:30 p.m., el imputado la habría atacado, propinándole varias puñaladas en el cuello, la espalda y el abdomen, heridas que la ocasionaron la muerte, agrega la Fiscalía.

El 11 de mayo se presentó el segundo homicidio. Supuestamente, cerca de las 6:30 p.m., López se reunió con la víctima, apellidada Córdoba Ramírez, en el centro de Parrita y luego se desplazaron en su motocicleta hasta la zona de Barbudal. Ahí, se cree que el sujeto atacó a la mujer, también con arma blanca, provocándole la muerte, dice la versión oficial.

Agentes del Organismo de Investigación Judicial de Quepos, detuvieron al sospechoso hoy a eso de las 5:00 de esta mañana cuando se dirigía a su trabajo y posteriormente se le allanó la vivienda, ubicada en el sector de La Loma en Parrita, donde se decomisó evidencia importante para el caso.

El sospechoso quedará con un informe a las órdenes del Ministerio Público, para que se le determine su situación jurídica.

Además de su detención, las acciones operativas de este martes permitieron decomisar evidencia relevante para la investigación, la cual se desarrolla bajo el expediente 17-000264-0072-PE, consigna el informe de la fiscalía.

Laura y Miguel Angel “non gratos” para Maduro

Los expresidentes Laura Chinchilla y Miguel Ángel Rodríguez, fueron declarados personas “non grata” por el régimen de Nicolás Maduro y nunca podrán volver a Venezuela, anunció la cadena bolivariana Telesur. La medida afecta, también a los expresidentes Jorge Quiroga (Bolivia), Andrés Pastrana (Colombia) que asistieron de “veedores” de un plebiscito opositor el domingo anterior.
 El canciller venezolano Samuel Moncada anunció  dijo que los expresidentes de Bolivia, Jorge Quiroga; de Colombia, Andrés Pastrana; y de Costa Rica, Laura Chinchilla y Miguel Ángel Rodríguez son declarados “persona no grata”, por lo que no podrán entrar nunca más a Venezuela.

Moncada, quien realizó el anuncio a través de su cuenta personal en la red social Twitter, manifestó que estos ciudadanos extranjeros “abusaron de la generosidad” del pueblo venezolano, cita la cadena chavista.

Esta decisión se suma a la medida tomada este domingo contra el exmandatario mexicano, Vicente Fox, quien fue catalogado con la misma designación que los mencionados anteriormente.

En referencia a Fox, Moncada sostiene que “el pueblo ha festejado la decisión”, dijo el medio.

Los exmandatarios participaron este domingo como “observadores” del plebiscito que fue realizado por sectores de la oposición venezolana.

Respeten al pueblo

Tras la consulta del domingo, el gobierno de Costa Rica demandó al régimen de Maduro respetar la voluntad popular. “El Gobierno de la República de Costa Rica expresa su reconocimiento al pueblo de Venezuela por la amplia y activa participación ciudadana reflejada en la consulta popular acaecida el día de ayer, domingo 16 de julio de 2017, y que fue convocada por la Asamblea Nacional”, dijo la cancillería tica.

“La participación cívica demostrada por más de siete millones de venezolanos, tanto dentro como fuera de su territorio, demuestra su vocación inquebrantable por la democracia y su firme voluntad  de superar  la crítica situación política, económica, social y humanitaria que afecta a ese país por medios pacíficos”, destacó la posición oficial de Costa Rica.

Costa Rica condena de la manera más enérgica los hechos violentos que empañaron esa jornada cívica y urge a identificar y llevar a la justicia a  sus responsables, añadió Relaciones Exteriores.

Costa Rica confía en que la voluntad popular, expresada en este ejercicio democrático en contra de la realización de una Asamblea Nacional Constituyente, sea respetada por las autoridades del Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela y se retomen con celeridad todos los esfuerzos para asegurar el retorno del orden constitucional y democrático en ese país, agregó la cancillería.

 

 

Así huyó Somoza/A 38 años de la caída del dictador

( Foto de Archivo ) El general Anastasio Somoza Debayle, ex presidente de Nicaragua, muestra a sus tropas cómo reparar la mira de un mortero de 81mm, a inicios de 1979, durante una visita a sus tropas en el sur de Nicaragua. Foto LA PRENSA

Edgar Fonseca, editor PuroPeriodismo.com

En un frenético despegue de aviones desde el entonces aeropuerto Las Mercedes de Managua, el dictador Anastasio Somoza huyó junto a sus más cercanos, ante el asedio de la guerrilla sandinista la madrugada del martes 17 de julio de 1979, recuerda un informe especial del diario La Prensa.

Somoza Debayle huyó junto a funcionarios públicos y altos militares. Se fue en un avión Learn Jet.

En Peñas Blancas, frontera sur, los periodistas fuimos retenidos un día ante el temor de ataques de “bolsones de guardias somocistas” en retirada.

Amanecimos el 19 de julio en Masaya, listos para llegar a Managua…

Este es el artículo que cuenta cómo se fue Somoza publicado en LA PRENSA el 17 de agosto de 1979, un mes después de haber salido del país. Lo escribió el periodista Filadelfo Alemán.

La desesperada fuga de esbirros en el aeropuerto

El desbande de la antes feroz guardia somocista y el desmoronamiento del aparato gubernamental, fue algo increíble y la forma en que ocurrió dejo estupefactos a cuantos fueron testigos del hecho.

Donald Gómez, uno de los empleados del Servicio Meteorológico del Aeropuerto Las Mercedes, hoy Sandino, expresa que “no daba crédito a lo que veían mis ojos”.

El movimiento de aviones para la salida de Somoza se inició a las tres de la mañana del martes 17 de julio.

El avión en que salió Somoza, un Learn Jet supuestamente de su propiedad, despegó a las cuatro de la mañana junto con unos diez o doce aviones más en los que iban funcionarios públicos y altos militares.
Ver diario La Prensa, Managua: El día en que Anastasio Somoza Debayle se fue de Nicaragua