¿Imagina usted al Presidente de la República subsistiendo con un salario de $800 al mes? ¿ O donando el 90 % de su salario a obras sociales? ¿Lejos del palacio oficial? ¿Anclado a una pequeña parcela de terreno en las afueras de la capital? ¿Sembrando crisantemos que vende en el mercado local? ¿Sin necesitar más? ¿Sin más riqueza de bienes que la de un viejo microbus Volkswagen?

Al menos ese es el retrato de José Mujica, presidente de Uruguay, que presenta un interesante reportaje de The New York Times sobre su vida de austeridad y aislamiento que sorprende a propios y extraños en los círculos políticos y sociales. 
Exguerrillero tupamaro, preso en 1972, pasó 14 años en detenido, 10 de ellos bajo confinamiento solitario y uno en extremo aislamiento para emprender luego una meteórica carrera política que lo hizo primero congresista, luego ministro de Agricultura y dar el salto a la Presidencia.
Mujica, de 77 años, dice el diario, se niega a caer en las trampas del poder y la riqueza.
Y vive tranquilo junto a su esposa la senadora Lucía Topolanksy.
Aunque recientes encuestas no le favorecen sobre todo por iniciativas políticas suyas como la de legalizar el consumo de la marihuana en el país.
Las encuestas no lo desvelan pero dio marcha atrás con el plan.

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