En diciembre de 1976 una llamada a la redacción de El País reivindicó, en nombre de los GRAPO, el secuestro del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol. La periodista Soledad Álvarez Coto recogió aquella llamada en la que, sorpresivamente, creyó reconocer al otro lado a uno de sus compañeros de la Escuela de Periodismo, Pío Moa. La conversación telefónica avisaba del lugar en el que estaba depositada una nota manuscrita, que recogió otro redactor, en la que se reclamaba la autoría del secuestro y se pedía la liberación de varios presos políticos. A partir de esos avisos se inició una sucesión de recados de los captores a El País, hasta el punto de que el periódico “se convirtió casi el único vínculo con los secuestradores”.

Esto narra  la reportera Elsa García de Blas de El País al revelar un controversial episodio contado por el entonces director del diario y hoy presidente del Grupo Prisa,  Juan Luis Cebrián,  en unas memorias por publicar de la participación del medio español en el complejo caso de las negociaciones para acabar con un secuestro en la balbuceante democracia española de los 70.

“El diario se encontró en “el núcleo de la noticia” y con él su director, el presidente del Grupo PRISA, Juan Luis Cebrián, quien ha dedicado a ese episodio que ejemplifica la compleja relación entre periodismo y poder un capítulo del primer tomo de sus memorias, que será publicado a finales de este año. Cebrián ha leído el relato, con ritmo y atmósfera de novela negra —aunque nada sea ficción— en la clausura del curso Medios de comunicación, política y poder, celebrado en la Universidad Complutense en la sede de El Escorial (Madrid), donde ha concluido: “El periodismo está dentro y fuera del palacio”, esto es, del poder.

 

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