“Se cayeron todas las máscaras que ocultaban el rostro autoritario de Ortega y Murillo y su proyecto dinástico. Al pueblo le toca ahora recuperar un arma poderosa: la memoria histórica de la dictadura”, advierte el editor Carlos F. Chamorro Barrios del sitio Confidencial de Managua.

“En la historia de América Latina solo se registra un caso similar de otro matrimonio que llegó al poder como fórmula electoral. En Argentina en 1973 el general Juan Domingo Perón regresó del exilio y ganó la presidencia con su segunda esposa María Estela (Isabel) Martínez de Perón como vicepresidenta. Al morir el caudillo un año después, Isabel asumió la presidencia en 1974 y fue derrocada en 1976 por un levantamiento militar, que desembocó en la peor dictadura militar que padeció esa nación hasta 1983.

En Nicaragua es muy temprano aún para pronosticar cuál será el futuro de la sucesión familiar en el poder y si logrará imponerse una dictadura dinástica. Estamos ante un nuevo escenario que, en primer lugar, representa un desafío político para las fuerzas que dentro del Frente Sandinista aún se resisten al control familiar en el partido. En cuanto al mensaje que ha enviado a la nación, tiene la virtud de que se ha escuchado alto y claro”, destaca Chamorro Barrios.

 

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