Yoani Sánchez, editora 14ymedio.com

La Habana-Hoy un vendedor ambulante rompió el silencio de la mañana con su pregón de pasteles de coco y de guayaba, a los que describió como “originales”, pero pocos vecinos se atrevieron a bajar desde los bloques de concreto del barrio. Entre la necesidad de buscar suministros y el temor al contagio, en esta ocasión ha primado la cautela.

Y no exageran. Este fin de semana los casos positivos en Cuba han superado el centenar para llegar a 119 y el covid-19 se ha llevado ya tres vidas, según fuentes oficiales que no acaban de convencer a muchos. La gente teme que a los números del contagio les esté ocurriendo lo mismo que a otras incómodas estadísticas del pasado.

En fin de cuenta, hemos vivido por décadas en un escenario de cifras maquilladas, donde a las positivas se les agrega la levadura del triunfalismo

En fin de cuenta, hemos vivido por décadas en un escenario de cifras maquilladas, donde a las positivas se les agrega la levadura del triunfalismo para que crezcan, mientras se recortan o se silencian los tercos indicadores del desastre. Cuando se ha mentido tanto, se corre el riesgo de que aunque se diga la verdad nadie la crea.

En este caso, la desconfianza es aliada del instinto de supervivencia y aunque los funcionarios aseguran que van a garantizar los productos básicos, muchos ciudadanos siguen lanzándose a las calles para hacer colas, acarrear y almacenar comida. Lo grave es que en esa tarea no solo llevan a su hogar algo de pan y arroz, sino también -potencialmente- el virus.

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