Edgar Fonseca, editor/Foto Getty Inages, El País, Madrid

“No creo en la nueva normalidad”, dice la estrella española del tenis, Rafael Nadal, en entrevista con el diario El País de Madrid, en la que niega que exija el privilegio de entrenar en media pandemia.

-Hace poco expresó su contrariedad porque los tenistas no podían entrenarse. ¿Ha podido empezar?

No estaba contrariado, que nadie se equivoque. Entiendo que no se pueda entrenar, pero estamos en un momento en el que todo es muy sensible. Cualquier comentario o mensaje que puedas dar se politiza, y aquellos que se sienten atacados se lo toman mal. Soy un ciudadano más, que paga sus impuestos aquí, así que tengo tanto derecho como cualquier otro a opinar. Parece que hay un momento en el que no se puede opinar y en el que todo se convierte en política, y lo que simplemente dije es que creía que cuando la gente está yendo a trabajar a obras, a construir… Un montañero o un triatleta tienen la capacidad de ir a entrenarse solos y yo no estoy reclamando nada, porque el tenis no es el primer deporte que debe volver, ya que al final necesitamos ser al menos dos para jugar, pero es que hay deportes que son totalmente individuales, como cualquier otro trabajo. ¿Por qué un atleta no puede ir a correr solo? Este es nuestro trabajo.

-Después de todo esto, ¿considera que seremos más fuertes y mejores, como se dice, o es más bien escéptico?

-No creo en la nueva normalidad. A mí me gusta la antigua normalidad, pero con adaptaciones. Aprendiendo de todo lo que ha ido sucediéndonos. El ser humano tiene una cosa buena, la gran capacidad de adaptación, pero también tiene una mala, una gran capacidad de olvido. A veces nos olvidamos de las cosas malas y de lo bien que estamos cuando estamos bien. Solo espero que todo esto sea un aprendizaje, pero desgraciadamente me temo que pronto nos volveremos a quejar por cualquier tontería. Es la realidad del ser humano, tenemos ese defecto. Al final solo valoramos lo bien que se está sano cuando estamos enfermo; solo valoramos la suerte que tenemos de poder tener cada día comida encima de la mesa cuando nos falta esa comida; solo valoramos lo bien que estamos cuando podemos compartir con los amigos o la familia una simple comida cuando no podemos hacerlo.

Ver: diario El País, Madrid