Edgar Fonseca, editor

Las relaciones diplomáticas de Costa Rica con la poderosa e influyente República Popular de China son parte de una realidad global.

Los nexos datan de 1911.

Arias los consagró en 2007.

Mientras crecen los nublados de las millonarias compras exprés de mascarillas sanitarias, de las donaciones en torrentes al gobierno y a diputados, salta al tablero la profundidad de la influencia de ese régimen en esta porción geográfica continental, tras 13 años de una creciente, intensa y, visto está, estrecha relación, hasta convertirse hoy en su segundo mayor socio comercial, solo detrás de EE.UU., el gran histórico socio.

Salta al tablero mientras es un secreto a voces un alegado enfriamiento diplomático de Washington con San José por tanta cercanía con Pekín.

De ello habría alertado de manera confidencial la embajada tica en Washington.

La embajada estadounidense, en un terso lenguaje, desmintió ningún roce.

Y la cancillería guarda silencio.

Pero el Secretario Pompeo, que no tiene pelos en la lengua, ha advertido públicamente que Costa Rica no debe caer en las promesas vacías y engañosas de China.

Lo hizo la tarde del 21 de enero, tras un fugaz encuentro en Casa Presidencial.

“Nosotros trabajamos como aliados de Costa Rica. Esto es un contraste importante con las promesas que hace el gobierno de China que solo ofrecen deuda, dependencia y erosionan la soberanía”, disparó quien es la mano derecha de Trump.

La embajada china reaccionó ofendida.

El gobierno guardó silencio.

El pasado 27 de julio, Pompeo le volvió a recordar al canciller tico la incomodidad.

La cancillería hizo mutis.

Mientras crecen los nublados de las compras y de las donaciones exprés, cobra particular vigencia este estira y encoge en las relaciones diplomáticas.

“Esta cooperación… es parte de los frutos de la Alianza Estratégica entre nuestros dos países”, soltó, eufórico, el canciller tico el seis de abril al anunciar las donaciones del gigante asiático.

Y, menos de un mes después, el presidente ejecutivo de la CCSS recibía de madrugada, junto al embajador chino, en el aeropuerto Santamaría, toneladas de las donaciones como parte de gestos oficiales que, probablemente, atizan el reciente recelo norteamericano con la administración Alvarado.

¿No conviene, a la luz del azaroso capítulo de las cuestionadas adjudicaciones a desconocidos proveedores y, a la luz de las donaciones a partidos, cuya legalidad investiga la Fiscalía, que el país también sepa la hondura de la “conexión china” que tiene en vilo la relación con nuestro mayor socio histórico en valores democráticos y en desarrollo?

Punto final- Un embajador que hace donaciones tachadas de ilegalidad por la Fiscalía, ¿no merece ser declarado non grato? ¿O hay excepciones?