Edgar Fonseca, editor

La nueva propuesta del gobierno, de gravar hasta con un 13% IVA la canasta básica, la más impopular de todas las ideas que pudieron surgir en las mesas multisectoriales, hace tropezar al Ejecutivo dos veces con la misma piedra.

Tras el convulso primer capítulo del fallido acuerdo con el FMI, el gobierno se ha quedado atorado, ensimismado, en las mesas de diálogo sectorial y territorial que tienden a convertirse en un empedrado camino de buenas intenciones.

Pero, ¡jamás!, alguien podría esperar una salida de más impuestos y sobre todo, una salida tan poco digerible en estos momentos para la opinión pública como imponer tributos a la canasta básica; gravar la salud, la educación privada y los salarios superiores a ¢2.1 millones.

A la espera de razonamientos y justificaciones apropiadas, coherentes, lógicas, la iniciativa da espacio no solo al rechazo público sino a la conjetura de ¿qué es realmente lo que busca el gobierno con ideas como estas que contribuyen al desconcierto y alimentan el descontento?

Parece una idea lanzada como globo sonda.

Que busca bastantear el oleaje que desate.

Garabateada en una pizarra, en una power point, a ver el ruido que provoca.

Carente de realidad, de viabilidad.

Una idea muerta, desgastante…

Porque, aparte de una nueva salida con más impuestos, ¿cuáles son los proyectos de ley estructurales con que pretende avanzar la administración para frenar la incontenible ola del gasto público?

¿Para frenar los disparadores que tienen en rojo las cifras fiscales?

¿A los más de 260 pluses?

¿A las sacrosantas convenciones colectivas?

La nueva propuesta emerge apenas calmadas las aguas de la reciente ola de manifestaciones y arbitrarios bloqueos.

El gobierno se vio sorprendido por la magnitud de las reacciones de un movimiento que resucitó a momias políticas.

Se vio sorprendido tras un costoso paso de cálculo político. Un error como lo admitió el propio mandatario.

Una pifia que dejó en evidencia la ausencia de un básico olfato de sentido común, en el “círculo cero” de decisiones ejecutivas.

Tan costosa lección parece olvidada, muy pronto.

El tiempo apremia.

Es crucial la toma de decisiones, como se le advierte desde una y otra esquina al gobierno.

La impopular salida de más impuestos no solo agita más las aguas sino que acrecienta la inquietud por la ausencia y la tardanza de respuestas clave que se espera de la administración en estas horas.