Edgar Fonseca, editor/Foto diario la Prensa, Managua

Entre 1978 y 1982 en Costa Rica gobernó el presidente Rodrigo Carazo Odio, quien había jugado un importante papel apoyando al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que en los años setenta operaba desde el territorio costarricense en su lucha contra la dictadura de Somoza.

Para la época en que los sandinistas dijeron que habían encontrado los huesos del héroe nacional, Juan Santamaría, Carazo Odio estaba pasando por una crisis política y económica muy fuerte y estaba necesitado de algo que le levantara la imagen ante su pueblo, explican analistas, relata un informe del diario La Prensa de Managua.

A las 9:30 de la mañana del viernes 3 de abril de 1981, en el atrio de la iglesia San Francisco, en el departamento de Rivas, los arqueólogos Francela Wilson y Aníbal Martínez descubrieron los restos de Juan Santamaría. Al menos eso fue lo que informaron las autoridades sandinistas a los medios de comunicación.

La búsqueda “demoró 16 días” y en ella colaboraron siete obreros, reseña el diario.

Los restos fueron entregados por Ortega a Carazo en una pomposa ceremonia oficial en Peñas Blancas el 11 de abril de 1981. Fueron velados esa misma noche en la Catedral de Alajuela.

Ambos gobernantes sellaron esa pompa llevando a mano durante un rato la urna con los restos, añade el relato.

Ese día llovió, pero en Costa Rica hubo gran conmoción cuando se recibieron los supuestos restos de Santamaría y de otros héroes ticos de la guerra contra los filibusteros. Pero también hubo recelo. Muchos dudaban de que los huesos traídos desde Nicaragua fueran realmente los de Santamaría y otros héroes ticos, agrega el diario.

Pocos podían sospechar en ese momento –destaca– la trama que había detrás.

Uno de ellos fue Alfonso Chase, poeta costarricense, quien aseguró después que fue alertado desde Nicaragua de que todo se trataba de un montaje. En agosto de ese mismo 1981, apenas cuatro meses después, los supuestos restos de Santamaría estaban de regreso en Nicaragua, ante la indignación de casi todo el pueblo costarricense, cita el diario.

Surtido de huesos animales

Un equipo de antropólogos y médicos ticos descubrió que las osamentas repatriadas eran “un surtido de fémures de vaca y mandíbulas de mono”.

En Nicaragua, desmentidos los sandinistas, insistieron en su falsedad y nuevamente los enterraron con solemnidad.
Según Chase, la persona que le informó que todo era falso le dijo que el “genio” detrás del engaño había sido el comandante Tomás Borge.

Ver: diario La Prensa, Managua