PuroPeriodismo/Foto Twitter Myitkyina News Journal, Birmania

Desde el primero de febrero Myanmar pasa por una complicada situación de orden público con violentas represalias a manifestantes que han salido a las calles para rechazar el golpe de Estado. De hecho, el domingo 28 de febrero se vivió el día más sangriento: 18 personas muertas y 30 heridas, destaca el sitio Caracol Noticias de Bogotá.

Entre las imágenes que han dejado las revueltas se destaca la de la hermana Ann Nu Thawng, quien se arrodilló ante una avanzada de policías con escudo que se dirigía hacia un centenar de manifestantes.

“En el nombre de Dios, no tomen estas jóvenes vidas, tomen la mía”, les dijo a los uniformados, cita el sitio.

Se acerca y se arrodilla

Entre la multitud, vistiendo un hábito blanco, la monja Nu Twang, de 45 años, se acerca a las fuerzas de seguridad.

Se arrodilla y dos policías hacen lo mismo, juntando sus manos en señal de respeto por la religiosa. Otros, en cambio, permanecen indiferentes, según unas imágenes difundidas por un medio local, el Myitkyina News Journal.

“Les supliqué que no dispararan (…), que en lugar de ello me mataran a mí. Levanté las manos en señal de perdón”, cuenta la monja a la AFP. “No tenía miedo”, agrega la versión de ABC Color, Asunción, Paraguay.

Pero, no muy lejos de allí, otro grupo de policías empieza a disparar, recuerda.

Unas imágenes divulgadas por redes sociales muestran a manifestantes inmóviles y cubiertos de sangre. Hay uno tendido en el suelo, boca abajo, con la cabeza medio arrancada.

“Fue un momento de pánico. Estaba en medio y no podía hacer nada” , explica, aunque matiza: “no tenía miedo”, según ABC.

Para los creyentes, fue el poder de la oración el que evitó una posible reacción violenta. Otros resaltan simplemente el gesto humanitario de ponerse de rodillas y pedir clemencia en medio de una situación tan sangrienta.

Lo cierto es que esta monja de 40 años evitó con su intervención más choques.

De hecho, medios internacionales manifestaron que unas 50 personas que protestaban lograron refugiarse en el convento del cual hace parte sor Ann Nu Thawng, agrega Caracol.

El medio ECCLESIA ahondó en la vida de esta religiosa birmana. Trabaja como enfermera de lunes a sábado y después hace las mismas labores en un campo de desplazados.

Por su intervención durante las manifestaciones y su labor diaria con los más necesitados, como dice una persona cercana, la monja “es para admirar. Lo que ha hecho le ha salido del corazón”.