Carlos Dada, El Faro, San Salvador

Las imágenes del expresidente de Honduras, esposado de pies y manos y conducido por decenas de policías, quedarán como el símbolo indeleble del fin de un hombre que se creyó capaz de engañar a todo el mundo todo el tiempo, que puso al Estado hondureño al servicio del narcotráfico y que lo manipuló todo para conservarse en el poder.

No sorprende su captura ni su más que probable extradición a Estados Unidos para enfrentar, en la misma Corte donde antes fueron condenados su hermano y varios de sus exsocios, cargos por narcotráfico. Pero ciertamente ha sucedido mucho antes de lo que algunos creíamos: hace apenas tres semanas JOH era aún presidente de su país y, aparentemente, controlaba de tal manera el sistema que su marcha pacífica, esta vez sin trucos, y el traspaso de mando sin resistencias a sus rivales políticos pareció ser parte de un plan para salvar el pellejo. En última instancia, si JOH cae muchos pueden caer con él. En un narcoestado –y Honduras lo es– lo difícil es encontrar a alguien calificado para tirar la primera piedra.

Hoy hay muchos hondureños festejando el fin del exmandatario, que repartió el territorio nacional entre sus socios como si se tratara de su propiedad y sustituyó la débil institucionalidad estatal por la funcionalidad criminal. Razones sobran, pues, para celebrar y miles de hondureños lo están haciendo. 

Pero hay otro lado en esta historia que nadie quiere ver ahora, porque es incómodo, porque saca ronchas y porque puede arruinar la fiesta. Apunto: si la captura de JOH en territorio hondureño termina, como cabe esperar, en una extradición a Estados Unidos, se abriría un sinsentido jurídico (común en la región, por cierto). Porque Estados Unidos lo acusa de narcotráfico, un delito que, de probarse, el expresidente habría cometido desde suelo hondureño y con la complicidad de otras autoridades hondureñas. Es decir, JOH debería ser juzgado por narcotráfico primero en su propio país; más los delitos por corrupción que se añadan naturalmente.

Especial PuroPeriodismo: El Faro, San Salvador