Humberto Belli Pereira-Esa es la pregunta que debe contestar la dictadura: ¿Por qué expulsaron del país a las Hermanas de la Caridad? Expulsar es una medida muy fuerte. No es lo mismo privar a una organización de su personería jurídica, que ordenarles a todos sus miembros dejar sus pertenencias, amistades, obras y trabajos, y sacarlas escoltadas a la frontera para arrojarlas del país. Hacerlo es una acción violenta. Es decirles a sus víctimas, en este caso las monjas, que su presencia en el país es indeseable; intolerable.

Sabemos que las acciones contra las más de 800 ONG, que han sido brutalmente suprimidas y confiscadas sus pertenencias en Nicaragua, han sido totalmente arbitrarias. El Gobierno, obviamente, ha pretextado anomalías, lavado de dinero o faltas administrativas en su contra. Pero no había expulsado en masa a sus integrantes.

¿Por qué entonces esta medida tan dura contra las Hermanas de la Caridad? Como bien explicaba Wilfredo Montalván en un artículo reciente, estas religiosas siguen fielmente los pasos de la Santa Madre Teresa de Calcuta, ícono de la caridad extrema y quien quemó su vida al servicio de los leprosos, moribundos y miserables de la India. Ella recibió un premio Nobel de la Paz y fue canonizada poco después de su muerte.

Sus misioneras en Nicaragua hacían la misma labor: asistir y cobijar adolescentes en riesgo, alimentar y asistir a niños pobres en su guardería, dar asilo y consuelo a los ancianos más desamparados. Eran totalmente apolíticas; nunca abrieron la boca para abordar temas públicos. Lo único que hacían era servir a Cristo en los menesterosos. ¿Cuál fue entonces su pecado? ¿Qué acciones tan reprochables cometieron como para merecer tal tratamiento? ¿Por qué Nicaragua es el único país del mundo que ha cerrado las obras de las Hermanas de la Caridad y expulsado a sus miembros?

Especial PuroPeriodismo/La Prensa, Managua