Edgar Fonseca, editor

No es ese mensaje estridente que se transpira en estas horas, desde las cumbres de un transitorio periodo de gobierno en Zapote, lo que reactivará al país.

No lo hará ese discurso altisonante.

Enardecido.

Divisivo.

Intolerante.

Aupado por una estratégica campaña de réplica de troles y de arrastre de gentes de buena fe, incautas suponemos, lo que garantizará que la actividad productiva transite hacia una senda de recuperación tan urgida por los devastadores efectos de la pandemia.

No lo será en el tanto no se le diga al país cuál es el rumbo, la “hoja de ruta”, como la llaman expertos, de esta administración frente a los acuciantes temas macro que le aquejan.

Porque, más allá de la pirotecnia de las conferencias semanales de prensa, convertidas en un culto ante el que debe hacer genuflexión del “yes man“, cualquier jerarca, el país sigue a tientas o en la penumbra de la visión que desea imprimirle a su gestión el inquilino cuatrienal de Zapote.

En el cierre del periodo de sesiones legislativa extraordinarias, donde por primera vez, tuvo la iniciativa el Ejecutivo, la agenda acabó vacía, sin ningún proyecto gobiernista de relevancia.

Lo criticó, muy diplomático, el presidente del Congreso.

“Creo yo que a este gobierno le ha hecho falta definir más su agenda. Aunque sabiendo que no van a Plenario todos los proyectos de ley, haber hecho una presentación de proyectos probablemente más robustos que marquen un rumbo hacia dónde quiere ir el gobierno”, resumió Rodrigo Arias tras este estéril primer trimestre.

La respuesta oficialista no se hizo esperar.

Y lo hizo de forma ocurrente su diputada y jefa de fracción.

“¿Por qué vamos a recurrir a la Asamblea ? La Asamblea es siempre un enredo, y ¿por qué es un enredo? Porque es un proceso muy engorroso y usted lo conoce muy bien. ¿Si usted puede solucionar cosas por decreto ejecutivo cuál es el problema?”, reaccionó la legisladora, Pilar Cisneros, en un franco desdén del contrapeso institucional del Primer Poder de la República.

No habla por sí misma.

No está en una burbuja.

Se corresponde con el tóxico entorno que se fomenta desde las cumbres del poder en estas horas sobre lo abigarrado del aparato institucional o la arremetida contra los fantasmas de los “mandos medios”, para justificar decisiones atropelladas: la abrupta cancelacion de la revisión técnica, que tiene a la deriva la seguridad vial, o el entierro del “capricho”, como lo justificó el mandatario, del tren eléctrico interurbano con una posible solución más cara que partiría de cero.

Son episodios de una coreografía que tuvo en la pampa su culmen, cuando, en otro flagrante irrespeto a la independencia de poderes, cargó contra la presunta inacción legislativa.

Nada de ello da un atisbo del rumbo país.

No deja de ser preocupante.

Versión actualizada: 27 de julio 2022