PuroPeriodismo/Marca, AS, Madrid/Foto Real Madrid
Bayern 4-3 Real Madrid
El Madrid se despide con honores
Los blancos se ponen 2-3 y compiten al Bayern hasta el 89′ tras una expulsión ridícula de Vincic por una niñería de Camavinga. Doblete de Arda, gol de Mbappé y cierre de un año pésimo, destaca el sitio Marca
No hay milagros cada año. El Real Madrid cerró en Múnich una temporada horrenda, a la que resta un epílogo tortuoso. Se acabó la Champions a la que se aferraba el madridismo por fe y por cábala, porque sus jugadores les habían dado pocos motivos para ilusionarse. Cayó en un partido grande, mucho más que su temporada, donde se puso por tres veces en ventaja, igualando la eliminatoria y mostrando las costuras del Bayern. Pero una decisión desaforada e injusta del árbitro Vincic a una estupidez de Camavinga, que podría enterrar su futuro de blanco, reventó de mala manera un partido bien trabajado que acabó en derrota, con dos goles encajados en ocho minutos.
La frustración es evidente, pero la realidad es tozuda y el Madrid está fuera de todo en mitad de abril, cuando despunta la primavera. Lo que empezó como un proyecto ilusionante en agosto, de autor, deja un sentimiento de decepción profunda, de enfado multiplicado. Porque el aficionado sabe que hay talento. Que cuenta con algunos de los mejores futbolistas del planeta. Y, sin embargo, han rendido muy por debajo de su potencial en el global del curso el curso. Ni Xabi Alonso con su intervencionismo táctico ni Álvaro Arbeloa con su gestión relajada fueron capaces de evitar el desplome que anunció Ancelotti desde el primer partido de la temporada pasada. La actitud. La intensidad. El trabajo, vaya, que permitiera cubrir las carencias estructurales con rendimiento colectivo. Ser un equipo, y no un grupo de estrellas.
Adiós honorable, árbitro infame
El Madrid se puso tres veces por delante, pero acabó cayendo cuando un capricho de Vincic le dejó con diez. Increíble expulsión de Camavinga, reseña el sitio As
De nada valió un partido heroico
No lo ha parecido durante meses, quizá más de un año, pero sí, este también era el Madrid, el que ha temido Europa desde hace setenta años por su inexplicable instinto de supervivencia. Nadie se hace el muerto de forma más verosímil. Incluso los más avisados, entre los que por reincidencia se encuentra el Bayern, caen en su trampa. En el Allianz llevó a los alemanes al límite en un partido heroico, con un sacrificio no visto hasta ahora y que solo entregó tras una expulsión a Camavinga que merece acabar en el libro de reclamaciones. Una decisión caprichosa de Vincic, curiosamente paisano de Ceferin, que probablemente decidió una eliminatoria preciosa en la que el Madrid estuvo tres veces por delante.
Al equipo blanco le quedará el resquemor de no haber sido el de Múnich todo el año y ahora tendrá que abrir la ronda de reconocimiento de culpables y ponerlos en orden, como aquella impertinente pancarta tras la que, en tiempos, se fotografiaba Bale vestido de príncipe de Gales.





