“Las luchas en Centroamérica contra las dictaduras nunca habrían sido posibles sin Costa Rica como lugar de refugio y libertad”: Sergio Ramírez, novelista y exvicepresidente de Nicaragua

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PuroPeriodismo/BBC Mundo

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez usa la ficción para contar una realidad de la que fue protagonista y que hoy, a sus 83 años, vive desde el exilio en Madrid.

Ramírez fue uno de los líderes de la Revolución Sandinista de 1979 que derrocó al régimen de Anastasio Somoza, y fue vicepresidente de Nicaragua de 1985 a 1990, durante la presidencia de Daniel Ortega.

Tras su ruptura con el sandinismo, Ramírez se convirtió en uno de los mayores críticos de Ortega, por lo que hoy es considerado por el gobierno un “traidor a la patria”, a quien se le despojó de su ciudadanía y sus bienes.

También es uno de los escritores más importantes de la literatura contemporánea de América Latina, con una vasta obra que incluye la serie de novelas que protagoniza el inspector Dolores Morales.

“El cielo llora por mí”, “Ya nadie llora por mí” y “Tongolele no sabía bailar” forman una saga de relatos policíacos y novela negra que ahora, con la próxima publicación de “La maldición de Ramfis”, completan una tetralogía.

Esta nueva entrega ocurre en Costa Rica. ¿Qué significa Costa Rica para los nicaragüenses y para Centroamérica?

Tradicionalmente Costa Rica ha sido un refugio.

Desde que yo viví ahí en los años 60 y 70, Costa Rica actuaba como un amortiguador en una Centroamérica llena de golpes de Estado, dictaduras militares, represiones.

Entonces, desde Guatemala, El Salvador, Honduras o Nicaragua siempre los exilios iban a ser a Costa Rica. Siempre fue un país de acogida para los exiliados.

Las luchas en Centroamérica contra las dictaduras nunca pudieron haber sido posibles sin Costa Rica como lugar de refugio y libertad.

Hoy en día Costa Rica ha cambiado.

Políticamente hay un, no sé si rechazo, pero sí una especie de vigilancia mayor sobre lo que es la migración, sobre todo la migración nicaragüense.

Un poco menos de tolerancia, digamos.

Los mecanismos de refugio siempre están abiertos, pero se volvió algo que antes no era una preocupación política.

Eso sí, hay que poner las cosas en perspectiva, la migración nunca fue tan masiva, y los exiliados políticos que llegaban a Nicaragua eran una minoría, incluso los que migraban por razones económicas.

Hoy se trata de centenares de miles.

Entonces, objetivamente, sí, Costa Rica tiene un problema migratorio constante, pero yo no podría decir que hay una política de cerrar puertas, yo creo que hay una mayor vigilancia.

Y tampoco siento que las corrientes xenófobas sean más fuertes en Costa Rica.

Existe la xenofobia, pero eso no es porque se trate de Costa Rica y Nicaragua, simplemente la xenofobia es un fenómeno mundial que se ha radicalizado por las migraciones, eso no es exclusivo de esta relación entre Costa Rica y Nicaragua.

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