Luis Guillermo Solís, expresidente de Costa Rica
Agradezco profundamente al dictador de Nicaragua la oficialización tiránica de su régimen.
Ya lo sabíamos, pero ahora eso le tendrá que quedar claro a todos quienes decían, por oportunismo, pragmatismo o ignorancia, que Nicaragua tiene (y tendrá para siempre según el comandante) el gobierno “que su pueblo ha escogido”.
Pero el anuncio no es sino la parte “fácil” de esta coyuntura nefasta. El problema verdadero es otro. Vivimos tiempos en donde prevalecen en todo el mundo el autoritarismo, la autocracia y el creciente desprecio por el pluralismo, y los valores democráticos y republicanos.
Los ataques contra los poderes judiciales, los atentados y la deslegitimación permanente de los medios de comunicación y el fanatismo religioso negacionista, imperan por doquier y se instalan en algunos sitios en medio del aplauso popular.
Ni siquiera Costa Rica está exenta de algunos de esos fenómenos. Entonces ¿es suficiente con criticar la “sacralización” de una dictadura? La respuesta es un resonante NO. A ello habrá que agregar otra obligación: no dejar de resistir y de proponer; de denunciar y articular; de organizar y movilizar para que aquellas tendencias no arrasen, alegando querer superar sus innegables errores, las instituciones que, siendo imperfectas, son las únicas que no sujetan hasta asfixiarlas, a las sociedades humanas.





