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Piloto investigado por críticas a presidenta es un convencido demócrata/Defensor de la libertad e institucionalidad/Teme perder trabajo y se prepara para larga batalla legal

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Edgar Fonseca, editor/Foto Zoom PuroPeriodismo

El piloto David Damazio Fernández quien enfrenta un proceso disciplinario sancionatorio en el Servicio de Vigilancia Aérea por externar críticas hacia la gestión de la dependencia y la administración de la presidenta Laura Fernández, es un convencido demócrata, defensor de la institucionalidad, la libertad y el derecho a la libre expresión.

Niega cualquier actuación incorrecta o ilegal, pero no descarta que lo que pretendan es despedirlo. Se prepara para una larga batalla legal en defensa de sus derechos, según dijo anoche en una amplia entrevista con este editor, vía Zoom Facebook Live. Link adjunto.

Confirmó que por alerta de un compañero de trabajo se le advirtió que sus manifestaciones en redes estaban siendo monitoreadas.

También, aseveró, que durante la anterior administración fue marginado de prestar servicios como piloto en las giras presidenciales.

Justificó que sus críticas hacia la mandataria y el gobierno se enfocan, específicamente, en el deterioro de la operación aérea local, evidenciado en recientes informes de entes internacionales. Damazio, 33 años, tiene 9 años de laborar en el SVA.

Rechazó que haya revelado algún secreto de seguridad, como presuntamente le atribuyen.

Exaltó su defensa de la institucionalidad democrática del país ante los ataques que han sufrido el Poder Judicial, la Contraloría, desde el Poder Ejecutivo.

Así defendió el Plantón Democrático del 6 de agosto al cual asistió junto a su familia y miles de manifestantes entre ellos empleados públicos. Participó como ciudadano no por ningún partido, dijo.

En dicho evento se tomó un selfie con el presidente de la Corte Suprema de Justicia, magistrado Orlando Aguirre, a quien no conocía pero a quien aprecia por su trayectoria y honestidad. Dicha imagen le generó todo tipo de mensajes, unos a favor y otros muy duros.

Especial PuroPeriodismo/Entrevista al piloto David Damazzio Fernández

Prefiero perder el trabajo

“Entre perder el trabajo y perder la libertad de expresión, la verdad es que prefiero perder el trabajo“, ratificó ayer martes 22 de setiembre al sitio CR Hoy.

En una serie de publicaciones en su cuenta Facebook criticó decisiones del gobierno, caso del alza del canon a las televisoras.

“El Plantón: un himno sonoro a la Patria, al Derecho y al Bien”, resaltó en un artículo en el sitio delfino.cr de previo a aquella multitudinaria marcha que irritó al oficialismo.

Hoy, un grupo de ciudadanos nos reuniremos en la Plaza de la Democracia. Algunos lo llamaremos un “Plantón en defensa del Poder Judicial.” Otros intentarán reducirlo a una espuria manifestación política más. Ambas interpretaciones se quedan en la superficie.Lo que realmente estará en discusión no es solamente la situación de una institución, sino algo mucho más profundo: si Costa Rica continúa reconociéndose en los valores republicanos que durante generaciones ha proclamado como propios.

Porque hay momentos en la vida de una nación en los que la mejor forma de comprender el presente es volver a escuchar las palabras que nos han acompañado desde el pasado.

Creo que el Himno al 15 de Setiembre es el texto más republicano escrito por Costa Rica. No es un himno militar ni un canto nacionalista; es una meditación sobre la virtud cívica. No exalta la conquista, la fuerza ni la gloria de un caudillo. Su mensaje no está dirigido a soldados que obedecen órdenes, sino a ciudadanos que entienden responsabilidades. Es, en esencia, una reflexión sobre la libertad, el Derecho y los límites que una sociedad libre debe imponerse a sí misma para no volver a ser esclava.

Por eso sus versos siguen teniendo una actualidad incómoda.

“Sepamos ser libres, no siervos menguados”. La frase parece sencilla, pero contiene una de las mayores exigencias de una República. La libertad no consiste únicamente en elegir gobernantes cada cierto tiempo. La libertad exige ciudadanos capaces de mantener la frente en alto frente al poder, capaces de recordar que la autoridad pública no está hecha para ser venerada, sino para ser controlada.

El himno no pregunta quién manda. Pregunta quién sostiene la ley: “Y del pueblo los hijos en coro, de la ley juren ser el sostén”. No dice que los hijos del pueblo deban sostener al gobernante de turno, ni al partido vencedor, ni a la mayoría circunstancial. Dice algo mucho más exigente: que el ciudadano debe sostener la ley, incluso cuando esa ley limita a quienes tienen poder y cuando las decisiones de las instituciones no coinciden con nuestras preferencias.

La historia demuestra que las democracias no se debilitan únicamente cuando alguien intenta destruirlas por las armas. También se erosionan cuando se empieza a presentar todo límite como una ofensa, todo control como una conspiración y toda institución independiente como un obstáculo. El problema no es que existan frenos al poder…el problema sería una sociedad donde el poder pudiera avanzar sin encontrar ninguno.

Por eso resulta tan revelador otro verso del himno: “contra el déspota inicuo opresor”. Durante mucho tiempo hemos imaginado al déspota como una figura lejana, propia de otros tiempos y otras geografías. Pero el despotismo no siempre llega con uniformes ni con rupturas abruptas. A veces aparece disfrazado de eficiencia, de urgencia o de una supuesta voluntad popular que pretende no aceptar límites.

La tentación del poder siempre ha sido la misma: creer que la legitimidad obtenida en las urnas permite liberarse de cualquier restricción. Pero la democracia constitucional nació precisamente para recordar lo contrario. El voto otorga autoridad; la Constitución establece los límites. La mayoría permite gobernar; el Derecho impide abusar.

Por eso defender la independencia judicial no significa afirmar que los jueces sean perfectos. Ninguna institución humana lo es. Significa defender la idea de que quien administra justicia debe poder hacerlo sin temor frente al poder político, frente a las mayorías o frente a la presión del momento. Porque una justicia que necesita agradar al poderoso deja de ser justicia.

Hoy no todos estarán de acuerdo con quienes nos manifestemos. Eso también forma parte de la libertad que el propio himno celebra. Una República no exige uniformidad de pensamiento pero sí respeto por las reglas que permiten que personas con pensamientos distintos puedan convivir.

La próxima vez que cantemos el Himno al 15 de setiembre, cuando digamos que los hijos del pueblo deben ser sostén de la ley, cuando cantemos que la libertad se obtuvo con sangre por Patria y por Ley, preguntémonos: ¿estamos simplemente recordando una historia pasada o estamos reafirmando un compromiso presente?

El mayor peligro no es dejar de cantar el Himno al 15 de Setiembre. El verdadero peligro es seguir cantándolo mientras dejamos de creer en lo que sus versos nos exigen.

¡Qué cambien los gobiernos! ¡Qué cambien las mayorías! ¡Qué cambien los nombres de quienes ejercen el poder!  Pero que nunca llegue el día en que tengamos que cambiar la letra del Himno al 15 de Setiembre para que entonces describa a una nueva Costa Rica.

Porque ese día no habremos perdido una canción. Habremos perdido la democracia.


Selfie con magistrado Orlando Aguirre y le dieron duro

A raíz de una fotografía que compartí con don Orlando Aguirre, recibí toda clase de comentarios: algunos respetuosos, otros muy duros; hubo quienes me llamaron corrupto, “playazo” y muchas otras cosas.

La verdad es que no me incomoda. Al contrario, lo agradezco, porque esa es una de las consecuencias naturales de vivir en democracia. Quien expresa una opinión en el espacio público debe estar dispuesto a recibir críticas, incluso aquellas con las que no coincide o que considera injustas.

No responderé con insultos ni bloquearé a nadie por pensar distinto. Creo profundamente en la libertad de expresión. Como se atribuye a Voltaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.”

Así que aquí van más fotografías.

Porque conversar con personas de distintos poderes, instituciones, ideologías o formas de pensar no me hace menos libre; me hace más convencido de que una República se construye con diálogo, respeto y la capacidad de reconocer la legitimidad del otro, incluso cuando existen profundas diferencias.

Las descalificaciones pasan. Los principios permanecen.

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