Edgar Fonseca, editor
Las usan la nefasta dictadura Ortega-Murillo para ahogar cualquier respiro cívico-ciudadano en el vecino del norte.
Las usó el chavismo bolivariano para sembrar el terror y el caos en Venezuela, de la mano de los colectivos motorizados, hoy todos ellos debajo de las enaguas de Diosdado, tras la histórica invasión del 3 de enero.
Las usó Noriega para bañar de sangre Panamá.
Y hoy vemos remedos de esas manifestaciones en algunas ciudades y eventos en nuestro país.
Golpeados por el monumental plantón democrático del 6 de agosto, las usaron el 14 de setiembre en la Vieja Metrópoli.
Sitiaron la ciudad con tropas de asalto, con agentes encubiertos, vallas y retenes.
Contaron con la vergonzosa venia de las autoridades locales.
Transgredieron derechos fundamentales, de tránsito y manifestación, y exigieron, con requisa cuasi delincuencial, identificación.
Todo aquel signo de oposición, lo marcaron, lo rechazaron. Lo reprimieron.
Una infausta jornada en vísperas de Independencia.
A los suyos, traídos de lejos, les franquearon el paso con porciones de arroz con pollo, refresco y mísera paga.
Les patrocinaron, les protegieron, les privilegiaron con entradas VIP.
Este miércoles los llevaron a Puntarenas a enlodar otra sagrada efeméride patria, el fusilamiento de Mora y Cañas.
Son las turbas del oficialismo chavista.
Las acarrean por hambre, miseria, ignorancia y “tontudez”.
Con un único propósito, amenazar, hostigar, amedrentar a los opositores.
No se percatan del profundo repudio que desatan.
¡Qué se vengan muchos más plantones de resistencia a este desmán populista autoritario!
P.D.-Qué fácil es para un ministrillo de tercer rango amenazar y agredir a privados de libertad cercenados de sus derechos. Su vejamen es cruel, inhumano, transgresor de normas. Debe dar cuentas ante la justicia.




