Relato del periodista John McPhaul
-Bayamón, Puerto Rico ·Ya que no pudimos llenar el tanque de gas antes de que el huracán llegara el martes por la tarde, me embarqué en un paseo esta mañana los tres kilómetros de mi casa al Centro de Mando de FEMA en el Centro de Convenciones en Miramar poniéndome de nuevo en línea. Lo hicimos en mejor forma que la mayoría de nuestros vecinos, no hemos perdido nuestra agua y nuestro edificio de condominio ha resistido la tormenta también.
Casi nadie en la isla tiene electricidad y el sonido de los generadores rompen la quietud. Esperábamos la llegada de María el martes por la noche anticipando que aguantara el ojo del huracán según lo previsto. Cuando finalmente llegaron los aullidos de los vientos fueron salpicados por ráfagas feroces que sacudieron nuestras persianas de tormenta conduciéndonos a acurrucarnos en la escalera contra la posibilidad de que los vientos soplaran con más fuerza.
Lo más espantoso era imaginar que sucedería si las ráfagas se convirtieran en vientos sostenidos de la misma velocidad. Por suerte para nosotros los pronósticos no se cumplieron y el ojo terminó pasando a unos 15 kilómetros de San Juan. También estábamos preocupados por las inundaciones y mientras la calle del frente de nuestra casa estaba inundada y el agua llegaba al estacionamiento.




