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Newsweek a la aventura digital

Newsweek, la revista semanal estadounidense, dice adiós a su versión impresa, tras ochenta años en el mercado,  y se lanza a la aventura digital.
Este semanario deja de circular víctima de bruscos descensos en sus ingresos publicitarios y en su circulación.
La revista tituló en su portada con un irónico tuit #lastprintssue.
Por décadas, dice la agencia AFP, sostuvo una feroz batalla con Time por la supremacía en el favor de los lectores en el mercado de los magazines semanales.
Su salida del mercado impreso se suma a igual decisión adoptada por otros icónicos medios norteamericanos por razones similares, entre ellos The Christian Science Monitor.
 
 

Gabo, escritor y periodista, por siempre

No se puede separar a Gabriel García Márquez, el escritor, de Gabriel García Márquez, el periodista.
Lo sentencia el periodista colombiano Héctor Feliciano al hacer la presentación del libro Gabo, periodista un volumen que recupera y hace trascender la, también, monumental obra periodística del autor de Cien Años de Soledad. Un suculento plato, sin duda, para los practicantes del oficio y para todos aquellos interesados en conocer a fondo un valioso compendio de los trabajos periodísticos de Gabo para quien el periodismo es “el mejor oficio del mundo”.


Dice Feliciano:  En el caso de García Márquez, su amplia carrera cubrió, como la de muy pocos, la de reportero de calle, de cronista, de columnista, de corresponsal internacional y de periodista que escribía en la prensa de otro país. Fue el periodismo el que le soltó la muñeca y la imaginación al novelista cuando ensayaba en sus escritos diarios lo que aprendía en sus lecturas, o cuando elaboraba su lenguaje particular y desarrollaba temas venideros. Así, en sus artículos y crónicas de los primeros años, García Márquez ponía en práctica o comentaba diariamente lo que descubría en sus lecturas literarias. Al leerlo hoy sabemos directamente, o podemos leer entre líneas, de su conocimiento desde muy joven de Faulkner, Woolf, Proust, Capote, Borges, Kafka o Joyce; o sobre los Buendía y otros personajes; o del origen de algunas ideas y temas que serán expuestos en Cien años de soledad; o, también, sobre su interés marcado por la música vallenata y la cultura popular de su región caribeña. En ese entonces, García Márquez ya trabajaba en el diario El Heraldo, de Barranquilla, y comenzaba a frecuentar casi diariamente el camino del comentario o de la crónica, que siempre proporcionan distancia panorámica. De la crónica, García Márquez terminará por convertirse en uno de los modelos inmejorables en castellano.
Feliciano nos invita así a adentrarnos en esa rica veta reporteril, periodística, puesta de manifiesto de manera brillante por Gabo a lo largo de su trayectoria en 200 hojas que condensan sus “mejores escritos”periodísticos.

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¿Somos los periodistas simples testigos?

Desde la prestigiosa revista colombiana Semana una dura reprimenda a la misión de los periodistas.
El columnista German Uribe no deja títere con cabeza y pide a los periodistas mayor autocrítica. A su entender, los comunicadores somos simples transmisores y testigos de los hechos. Para nada formadores de opinión pública, dice.


“El periodista –asegura Uribe– no estudia o se hace en el ejercicio de su trabajo para guiar o conducir a nadie y mucho menos para determinarle rumbo a nada. El periodista es apenas un comunicador que, como receptor de las noticias y aconteceres de una sociedad, desempeña el oficio de transmisor de éstas.

Nada más. Otra cosa es que, derivado de su trabajo informativo, una sociedad bien informada resuelva cambiarle el curso a su propio destino, o un individuo cualquiera, luego de actualizarse por medio de la radio, la prensa o la televisión, decida mejorar o desviar la trayectoria de su vida. Pero la misión del periodista no es otra que registrar lo que acontece, y si lo puede hacer fotográficamente, mejor, pero eso sí, respetando a todo trance la verdad y con la mayor objetividad posible”.

Desde Puro Periodismo discrepamos del todo con esta visión tan miope, tan sesgada y limitada en cuanto al alcance de la tarea de los informadores.


Los periodistas no solo debemos informar de los hechos con estricto apego a la verdad , sino que estamos en la obligación y responsabilidad de analizárselos e interpretárselos a la sociedad.
Nos interesa su opinión.

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Bachillerato, buenas noticias

La reciente promoción del bachillerato en los colegios de Costa Rica es la más alta en la comparación histórica.
Un 69.7% de los estudiantes evaluados aprobaron el bachillerato. Aumentaron los números absolutos de jóvenes graduados y se estancaron aquellos de quienes lo pierden.
 
Amén de la respuesta de los estudiantes, el Ministro de Educación, Leonardo Garnier, estima que en esa positiva evolución inciden factores como la mejor capacitación de los docentes, mejores becas y una creciente preocupación de las familias por la educación de los jóvenes.
 
Que lo digan los padres de los muchachos de los colegios científicos en Pérez Zeledón, Cartago, Alajuela, San Ramón y del Atlántico que lideran el ránquin.
 
Que lo diga la familia de Gian Carlo González Carballo, el mejor promedio del año en la promoción de todo el país, un ambicioso muchacho que aspira a servir, culminada su carrera universitaria, a sus conciudadanos como Microbiólogo Forense.
La influencia docente es crítica en la formación y derrotero de todos estos jóvenes pero, sin duda, el soporte familiar es fundamental.
 
Enhorabuena por ellos que tienen ese apoyo entrañable, directo y permanente.

 
Más hay que reconocer en quienes carecen por cualquiera razón de ese apoyo y se codean, también, en esas cúspides educativas.
 
El reto permanente de aquellos que tienen en sus padres o responsables, los mejores modelos maestros, guías y mentores, será responder con creces. 
Ni qué decir de quienes, en estos tiempos de tanta desintegración familiar, sobreviven a las circunstancias y adversidades y logran también ensartarse en esas listas de los mejores promedios del bachillerato.
 
Buenas noticias en medio del frenesí navideño y del cotilleo politiquero a las puertas de un año meramente electorero en el país.

Escríbale a Edgar Fonseca a efonseca@nacion.com o síguelo por Twitter @efonsecam.

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La “tamaleada”

Con la justificación de una “tamaleada”, lo que en Costa Rica se conoce como una tradicional fiesta social de fin de año, la Presidenta Laura Chinchilla, sin estar invitada, se llegó a la casa de un expresidente sentenciado en uno de los mayores escándalos de corrupción pública recientes.
Si espera que la opinión pública le aplauda, se equivoca.
Si espera que se le censure, no lo ponga en duda.
Así ninguna campaña de imagen, por más pulcra que la quiera maquillar, logrará levantarle réditos en la opinión pública.
Por el contrario acrecentará esa percepción de que a nuestros dirigentes políticos les “vale” lo que piense una mayoría.
Nos parece otro episodio, de su parte, ayuno de tacto político y, sobre todo, de prudencia, desde las cumbres del Gobierno.
Y acontece cuando apenas se apaciguan las aguas tras la descabellada intervención del Ejecutivo en la votación que destituyó al magistrado Cruz, por la que el país reaccionó con justa indignación.
De un Mandatario se espera, cuando menos, que guarde la mayor compostura en su hacer y quehacer. Sopesar cada paso, cada palabra, acción u omisión. Abundan los ejemplos, en contrario, en nuestra Lationamérica.
En Venezuela, a Chávez, hoy convaleciente, le importa un bledo lo que piensen de sus actos sus conciudadanos.
Igual se conducen Fernández en Argentina, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia. Y ni qué decir del vecino Ortega.
Martinelli, en Panamá, acaba de pasar por el trago amargo de revertir un decreto de expropiaciones que intentó imponer a sangre y fuego en Colón.
Por eso, la visita de la Presidenta Chinchilla a la residencia de un personaje político que trata de redimir imagen tras una histórica condena en los tribunales comunes, nos parece poco oportuna y sensata.
Le hace un flaco favor al anfitrión y, de paso, hunde más a la imagen presidencial en el torbellino del descontento público.
Escríbale a Edgar Fonseca, efonseca@nacion.com o síguelo por Twitter @efonsecam
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