Ya no somos los muchachos de fiebre de sábado por la noche…

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Pablo Ureña *

Al comenzar el 2018 me parece oportuna esta reflexión dirigida, especialmente, a los amigos y amigas que como yo, somos gays. Lo hago con todo respeto para todos pero pensando en que hoy puede ser un buen día no solo para empezar un año si no para empezar una nueva etapa en las vidas de muchos de nosotros. Estamos viviendo el envejecimiento de la primera generación de personas gay que vivimos nuestras vidas como tales. Es un hecho sociológico inédito; no es fácil, no hay descendientes; hijos o nietos que acompañen y, entonces, la soledad es aún mayor que para cualquier heterosexual de la tercera edad que se haya casado y tenido prole.

Algunos tenemos la bendición de nuestra pareja probablemente mayor igual que nosotros o alguien o algunos hijos afectivos que acompañan; pero no es el caso de todos. Nuestra generación tendrá que aprender a vivir como adultos mayores gays de la misma manera que tuvimos que aprender en cada una de las etapas anteriores de nuestras vidas; somos pioneros, tenemos que pagar el precio pero debemos procurar que sea el precio menor. Peor aún es la situación de aquellos gays que no vivieron sus vidas como tales y ahora, en la vejez quieren comerse el mundo como si fuesen adolescentes. Lo que ya no se hizo en las etapas vitales respectivas difícilmente podrá hacerse en las etapas posteriores. Cada etapa tiene su belleza; la adultez mayor también la tiene, tenemos que aprender a vivirla y disfrutarla. No es una etapa fácil para nadie; menos para nosotros; aprendamos, cuidémonos, amémonos a nosotros mismos, respetémonos y asumamos esta etapa en su completa realidad: con sus posibilidades maravillosas pero, al igual que los heterosexuales, con sus insuperables limitaciones, esa es la realidad. Ya no somos los muchachos de fiebre de sábado por la noche aunque nuestras espíritus puedan ser hoy más jóvenes que antes. Los quiero a todos, quiéranse ustedes también.

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