“Pensé que me moría y atiné a no matar a nadie”, relata piloto que se salvó en Rohrmoser

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Edgar Fonseca, editor/Fotos Clarín, Buenos Aires, Argentina

“Pensé que me moría y atiné a no matar a nadie”, dijo al diario Clarín de Buenos Aires, Argentina, el piloto Damián Barreira, quien junto a su compañero Cristian Sapun, se salvaron de milagro la mañana del viernes al estrellarse en una avioneta en calle pública del residencial Geroma II, en Rohrmoser.

Luego –según el diario– su compañero piloto, Cristian Sapun, diría exactamente lo mismo.

 Ambos resultaron con golpes leves. Sufrieron la emergencia tras despegar del Tobías Bolaños con destino a David, Panamá. Su destino final era Argentina tras 10 escalas en distintas ciudades latinoamericanas.
El estrellonazo se dio tras golpear la aeronave una rama de un enorme árbol que amortiguó la caída, en un sector 200 metros al este del Fresh Market.
La emergencia se suscitó a las 7:27 a.m. Los pilotos buscaron aterrizar en un espacio abierto y se encontraron con casas, un edificio de apartamentos  un colegio y cables de alta tensión.
Finalmente descendieron, sin mayores consecuencias humanas. ¡Milagro en Costa Rica!, tituló el diario Clarín.
Falló el motor

La falla en el motor del Cessna fue a los dos minutos de haber despegado del Aeropuerto de Tobías Bolaños. La calle “milagrosa” es en la localidad de Rohrmoser, Pavas​.

En el medio de la calle. Allí "aterrizaron" la avioneta.

En el medio de la calle. Allí “aterrizaron” la avioneta.

Damián habla como alguien a quien no se le hubiese destruido un avión justo debajo de las piernas. “Me hicieron una radiografía y está todo bien”, detalla desde la camilla del Hospital del Trauma de San José de Costa Rica. “Yo estoy perfecto. Por precaución nada más me pidieron venir a hacer estos estudios y que me mantenga acostado”, sigue. “Nada más me dieron dos puntos en la ceja y Cristian no tiene nada”.

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Lo de “no matar a nadie” también es literal. “Empezamos a esquivar árboles, cables de alta atención y, sobre todo, casas. Ahí apareció esa calle sola y pensamos ‘es acá’. Si caíamos entre las casas iba a ser un desastre Iban a morir muchas personas. Yo me daba por muerto. Se me cruzó todo por la cabeza. Pero todo ‘tranqui’. Todo bien“, relata Damián.

No hay turbulencia en su voz. No hay relato “quebrado”. Hasta hay risas. Como a futuro, cuando sus amigos o alumnos le digan, la piloteaste bien. “Que soy de acero. Que tenía escondido lo de ser un Avenger. Me están volviendo loco por WhatsApp“. También hay humildad: “Los dos estábamos volando. Los dos hicimos todo para salvar a los demás”.

 

Ver diario Clarín, Buenos Aires