Lo dice Gay Talese, maestro de maestros, en una exquisita conversación con El País de Madrid. Este reportero neoyorquino de mil batallas, cuenta como forjó su carrera, como periodista y escritor, paso a paso, piso a piso en los laberintos de la redacción del mítico New York Times.
¿Cuál fue su primer trabajo?, le pregunta el cronista Eduardo Lago y Gay responde: “Chico de los recados en la sede de The New York Times, en la calle 43. Mi trabajo consistía en llevar café y sándwiches a los redactores y en llevar mensajes de un despacho a otro. Es el trabajo más importante que he tenido jamás, porque me permitía ver los entresijos del periódico sin que nadie reparara en mí. Era un edificio de 14 plantas que yo subía y bajaba sin cesar. Tenía acceso a todas las secciones… Conocí a todo el mundo: editores, redactores jefes, operarios, linotipistas, impresores, los conductores de los camiones de reparto”.
¿Cómo alcanzó su sueño de ser reportero?. ¿Cómo se convirtió en escritor? ¿Cuánto rechazo ha tenido? ¿En qué pasa sus días hoy?
Gay cuenta, a sus anchas, el ir y venir de su prolífica trayectoria en los grandes medios norteamericanos como reportero, inagotable, como escritor, sorprendente, pero siempre devoto a la profesión a la que se entregó en cuerpo y alma.
“El periodismo –dice– es una profesión honorable, y no estoy de acuerdo con quienes nos pronostican un futuro tenebroso, porque no hay nada más importante que la verdad. ¿Y quién se ocupa de decirla?”.
En Puro Periodismo recomendamos esta entrevista como una excelente lección de la vida y obra de uno de los reporteros estadounidenses más sobresalientes de las últimas décadas; una muy buena lección para aprender a ser mejores reporteros.
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