Exvicepresidente Kevin Casas Zamora */Inti Ocon, AFP,Getty Images

En diciembre de 2008, a raíz de las elecciones locales plagadas de fraudes en Nicaragua, escribí un artículo pidiendo a la comunidad internacional evitar que el país se transformara en el Zimbabwe del hemisferio occidental y que Daniel Ortega se convirtiera en Robert Mugabe.

La elección, celebrada sin observadores internacionales de renombre y bajo la mirada complaciente de una autoridad electoral controlada por el gobierno, fue la primera señal tangible de que el fin del breve intervalo democrático del país ya no era un riesgo, era una realidad.

No pasó mucho. Algunas agencias de desarrollo europeas abandonaron discretamente el país, mientras que el gobierno de los Estados Unidos agregó un poco de jadeo y jadeo, ansioso por mantener a Ortega en el lado correcto de los esfuerzos antinarcóticos. Sobre todo, en un patrón que se repetiría incesantemente hasta el día de hoy, hubo un silencio proveniente de los vecinos centroamericanos de Nicaragua, con la intermitente excepción de Costa Rica.

  • Kevin Casas, Secretario General del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA), Suecia.

Especial PuroPeriodismo: Americas Quarterly